Gestionar las rabietas de nuestros hijos es una de las tareas más duras de la crianza y los padres jugamos un papel fundamental para ayudar a nuestros peques a calmarse y para darles herramientas que les ayudarán hasta la vida adulta. Pero, ¿Qué ocurre si papá y mamá no son capaces de controlar sus propios enfados? Hoy te traigo tres claves que te ayudarán a gestionar tu ira permitiéndote así enseñar a tu hijo a manejar sus emociones.
Ya hemos hablado en otras ocasiones de que nuestros hijo nos necesitan para calmarse porque su cerebro, todavía inmaduro, no es capaz de hacerlo solito pero seguro que habéis comprobado que no es algo fácil de lograr cuando nuestro pequeño nos muestra su enfado de forma explosiva en la cola del supermercado y tu estás agotado después de todo el día trabajando, gestionando casa, recados y planes varios.
Si sientes que te cuesta acompañar las rabietas de tus peques, que no entiendes sus enfados y siempre acabas explotando tu también, te diré que es normal, que los padres también tenemos rabietas y que la clave para ayudar a nuestros hijos en esta etapa pasa necesariamente por aprender a gestionar las nuestras primero.
Con esto no quiero decir que no podamos enfadarnos y que siempre tenga que reinar un clima de calma y armonía en casa porque, entre tú y yo, no sería muy realista. Pero sí podemos trabajar en la manera en la que nos enfadamos, en poder mostrar desacuerdos o poner límites sin llegar a expresarlos de manera explosiva.
Coge papel y boli porque toca ponerse manos a la obra.
CLAVES PARA AYUDARTE A RECONOCER TUS PROPIAS RABIETAS
3 claves que pueden ayudarte a reconocer tus propias rabietas para ayudar a tus hijos a gestionar las suyas son:
1. Analizar tus propios enfados.
¿Cómo te enfadas? ¿Eres capaz de comunicar lo que no te gusta de forma tranquila o tiendes a hacerlo de forma brusca?, ¿Gritas?, ¿Ignoras a las personas con las que te enfadas?.
Enfadarse es sano y natural, pero la forma en la que expresamos esos enfados importa (y mucho). Recuerda que nuestros peques nos ven cada día y aprenden lo que ven, no lo que queremos enseñarles. La respuesta a estas preguntas te dará pistas de qué cosas puedes mejorar a la hora de expresar tus enfados.
2. Aprender a reconocer las sensaciones físicas que tienes cuando te enfadas.
Párate a pensar si “notas” el enfado antes de explotar. Entrenar esta habilidad es extremadamente útil. ¿Notas como te vas tensando conforme la rabieta del niño aumenta? ¿Notas como elevas el tono cuando has repetido 70 veces que es hora de apagar la tv? Dedica un tiempo a reconocer las sensaciones que tienes cuando te enfadas, así, cuando lleguen, podrás pasar al punto siguiente: frenar la explosión.
3. Buscar qué te ayuda a calmarte
Una vez que has detectado tus “señales” de que te estás enfadando, es fundamental poner en práctica acciones que puedan evitar que llegues al límite y explotes. ¿Contar hasta 10 (o 50)? ¿Retirarte un momento a un espacio a solas?, ¿El contacto físico con alguien calmado?, ¿Escuchar una canción que te pone de buen humor? ¿Ver una foto de un momento feliz? Ve haciendo pruebas hasta dar con lo que mejor funcione para ti. Recuerda, no se trata de que se te pase el enfado, sino de evitar tu rabieta y que puedas expresar tu enfado de una manera más calmada.
Aunque visto así parece algo sencillo, lleva tiempo aprender a conocerse y mucho más llevarlo a cabo. Esto es sólo una orientación para que puedas reflexionar sobre tus propios enfados si te preocupa no saber cómo ayudar a tu hijo a calmarse. Ya sabes que si te sientes identificado y crees que no tienes herramientas para poder afrontar esta etapa, puedes contactar conmigo a través del formulario de la web y estaré encantada de ayudarte.



