Por qué castigar a los niños no sirve de nada

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«Estás castigado», «O te portas bien o te quedas sin postre» «Si no recoges los juguetes no verás la tele en todo el fin de semana»… Si utilizas estas frases con frecuencia, probablemente ya habrás comprobado que no funcionan, que quizá los niños dejan de hacer lo que quieres un momento pero vuelve a repetirse a los pocos días o simplemente lo ignoran. Hoy te cuento por qué y te explico alternativas que pueden ayudarte.

¿Por qué son ineficaces los castigos?

Los castigos son ineficaces a largo plazo ya que provocan que deje de producirse un comportamiento para evitar el castigo, no porque el niño entienda realmente lo que debe cambiar.

  • Hacer sentir mal a alguien no es una forma de que aprenda.

Desde esa posición de sentirse culpable o humillado va a ser muy difícil que aprenda por qué no debe comportarse de una manera determinada. Los castigos les hacen sentir frustración, enfado, rabia… y en esas circunstancias no hay aprendizaje posible.

  • Generan resentimiento y ganas de venganza.

Utilizar los castigos con demasiada frecuencia genera en los niños ganas de revelarse, de vengarse, «si tu me castigas y me haces sentir así de mal, yo voy a fastidiarte también» .Provoca luchas de poder entre ellos y nosotros («A ver quien puede más…»), con lo cual, no solo no son beneficiosos para educar, sino que perjudican la relación con nuestros hijos.

  • No enseñan nada.

Los castigos raramente están relacionados con la conducta que queremos modificar. «Si te portas mal, te quedas sin postre» «Has vuelto a pegar a tu hermano, te quedas sin tele todo el fin de semana?  ¿Y que tendrá que ver el postre con portarse bien o mal? ¿Y ver la tele con pegar a un hermano?

  • Se utilizan mal

A veces los utilizamos como venganza, como amenaza que no llega a cumplirse, con demasiada frecuencia o demasiado tarde…

  • Acaban por normalizarse

Al utilizarse para que en un momento concreto el niño deje de hacer algo, pero sin tener un mensaje claro relacionado con la conducta que queremos cambiar, los niños acaban por normalizar el hecho de estar castigados. Sus pensamientos serán: «No es tan terrible», «Y qué más me da no tomar postre ahora», «Si no puedo ver la tele ya hare otra cosa»…

 

¿QUÉ ALTERNATIVAS AL CASTIGO PUEDES UTILIZAR?

Las consecuencias

Dejar experimentar al niño las consecuencias de sus actos es la mejor manera de que aprenda sin entrar en luchas de poder, gritos o sermones que nos agotan a todos. Hay dos tipos de consecuencias:

  • Las consecuencias naturales son aquellas que simplemente dejan ver al niño lo que implican  sus actos: si se cae el agua todo se moja, si rompe un juguete no puede jugar con él, si no quiere ponerse el abrigo pasa frío, si no come pasa hambre…

Es fundamental que en estos casos evitemos los reproches: «Te lo dije» «Te das cuenta de lo que has hecho»… Se trata de que aprendan, no de que se sientan juzgados o humillados por nosotros.

Algunos ejemplos de cómo explicar las consecuencias naturales pueden ser:

El niño tira el agua –>»Vaya, ¿Qué podemos hacer ahora?» y lo acompañamos a buscar un trapo para limpiarlo. Más adelante él mismo sabrá que si tira el agua tendrá que limpiarla.

El niño no quiere terminar la comida –> Dejamos que así sea y cuando al rato venga a pedir más comida explicamos: «Sé que como no has comido suficiente, debes tener hambre, en un ratito será la hora de merendar». Más adelante él mismo sabrá que si come poco, tendrá hambre pasado un rato.

Obviamente no siempre podemos dejar que experimenten consecuencias: no podemos dejar que crucen en rojo o que descubran qué reacción tendrá su  hermano si tira sus juguetes por la ventana. En estos casos en los que es imposible que experimenten las consecuencias naturales, entran en juego las consecuencias lógicas.

  • Las consecuencias lógicas no son tan evidentes, pueden ser advertidas por nosotros, pero es fundamental que cumplan 4 requisitos, de lo contrario, no hablaríamos de consecuencias lógicas sino de amenazas o castigos enmascarados:

Jane Nelsen, en su libro «Cómo educar con firmeza y cariño» describe los cuatro requisitos que deben tener las consecuencias lógicas, con el esquema de las «Cuatro R»:

Relacionadas: deben tener una relación directa con la conducta a modificar. Portarse bien en un restaurante y no comer postre no tiene ninguna relación. No armar escándalo o tendremos que irnos sí lo tiene. Tardar en vestirse por las mañanas y quedarse sin tele por la tarde no, tardar en vestirse y que entonces no le de tiempo a desayunar si.

Respetuosas: No deben ser humillantes, ni aplicarlas para demostrar poder sobre el niño. Se explican de manera respetuosa y calmada, NO como una amenaza.

Razonadas: Debemos explicarles el por qué de esas consecuencias. «Cariño, si tardamos demasiado en cenar, no queda tiempo para leer un cuento porque se hace tarde para dormir». 

Revelada de antemano: No siempre es posible, pero en algunos casos sí, como en el ejemplo anterior.

En todo esto es importante la coherencia, obviamente si decimos que tendremos que irnos del restaurante si no dejan de pelearse, debemos estar dispuestos a irnos, si tarda mucho en vestirse por la mañana habrá que ser «fuerte» para dejar que se vaya sin desayunar (no le pasará nada).

Búsqueda de soluciones

Cuando los niños se involucran en la solución de un problema, suelen sorprendernos. Si planteas a tu hijo aquellas cosas que necesitáis mejorar, o aquellos comportamientos que deberían modificar y les animas a buscar una solución juntos sentirá que le tienes en cuenta, que confías en él para solucionar las cosas y le motivará a colaborar. Si el problema por ejemplo es que siempre pega a su hermano podéis hablar del tema, ver qué cosas le molestan y le llevan a tener esa actitud (quizá celos, necesidad de sobresalir, necesidad de un espacio propio o de pasar  tiempo en exclusiva contigo…).

Puedes hacerle preguntas del tipo ¿Cómo crees que podríamos solucionar esto? ¿Qué haría que te sintieras mejor? ¿Qué es lo que te molesta?…

¡Advertencia importante!

Como cada cambio que realizamos en nuestra vida, los cambios en la manera de educar llevan su tiempo. Es probable que si estáis acostumbrados a un sistema de castigos y gritos, cueste un poco cambiar el enfoque, puede que al principio los niños no respondan como esperamos porque se sientan «descolocados» por el cambio, pero sólo con constancia y seguridad lograréis ver resultados.

Si no sabes muy bien cómo lograr estos cambios, no obtienes los resultados que esperas, o no sabes por dónde empezar, recuerda que puedes contactar conmigo y estaré encantada de ayudarte.

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