Mi hijo no come bien: Qué puedes hacer para que los niños coman de todo

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Es muy frecuente escuchar a papás comentando «mi hijo no come nada», «la hora de la comida es una lucha», «no hay manera de que pruebe cosas nuevas», «se alimentaría a base de galletas»… Así que hoy te traigo unos cuantos consejos para conseguir que tus hijos coman  bien y, lo más importante, tengan una buena relación con la comida.

¿Qué puedes hacer para ayudarles a comer bien?

 

Comer bien es un aprendizaje

Ver la alimentación de nuestros hijos como un proceso de aprendizaje cambia nuestra actitud ante algo que nos preocupa (que coman bien) y por tanto nos ayuda a tener una actitud más calmada y a confiar en el niño y sus necesidades.

Del mismo modo que un niño aprende a hablar o a caminar, aprende a comer. El problema es que a veces nos inquieta tanto que coman poco o que coman demasiado, que interferimos en ese proceso de aprendizaje, y en un intento por ayudarles creamos «atajos» o trucos (camuflar alimentos, chantajes, poner los dibujos…) que no resuelven el problema sino que, en muchos casos, empeoran la situación.

«Comer es un aprendizaje más de todos los que tienen que hacer nuestros hijos y eso, lleva su tiempo»

¿Qué necesita comer un niño?

Los padres decimos mucho esa frase de «no come nada», y la primera pregunta que habría que hacerles es ¿de verdad no come nada o no come la cantidad que tu quieres que coma?. Si de verdad estás convencido de que el niño no se está alimentando correctamente te recomiendo hablar con su pediatra para comprobar si realmente el niño tiene alguna carencia o detectar la causa de su inapetencia. Si no es así, te recomiendo seguir leyendo. Además, te aconsejo un libro que leí cuando mi hijo comenzó a comer y que me dio mucha tranquilidad en el proceso «Mi niño no me come» del pediatra Carlos González.

Todos juntos a la mesa.

Es muy frecuente que los niños coman o cenen antes que sus papás. El cambio que supone reunirse todos en la mesa a la misma hora, es increíble. Te animo a probarlo. Además de facilitar que integren alimentos que te ven probar a ti, es una estupenda oportunidad para charlar en familia.

 

Misma comida para toda la familia.

Desde el inicio de la alimentación complementaria (descartando las alergias o teniendo en cuenta las mismas, por supuesto) los niños pueden comer exactamente lo mismo que sus papás. Si aprovechas el interés que muestran por los  alimentos que te ven comer a ti cuando son bien pequeñitos, tendrás mucho terreno ganado.

Solemos preparar a los niños comidas distintas a las del resto de la familia porque «es más fácil que se la coman» o «porque esto no les gusta»… y no nos damos cuenta de que les quitamos la oportunidad de aprender a probar cosas nuevas o de acostumbrarse a otros sabores.

Preparamos una comida diferente porque es más fácil que se la coman o porque les gusta más, no porque no sean capaces de acostumbrarse a otros sabores y a comer de todo.

No camuflar alimentos

Otro atajo. Cierto es que de esta manera consigues que coma aquello que «no le gusta», pero ¿es eso lo que realmente queremos conseguir?. Puede que haga falta más tiempo para que integren en su dieta determinados alimentos si los ven en el plato, pero no siempre vamos a estar allí para camuflarlos y, recuerda, esto era un aprendizaje. Hará falta paciencia y confianza en que el niño puede estar sin comer brócoli (o aquello que menos le guste) una temporada hasta que se vaya acostumbrando a su textura o su sabor. También hay que respetar que no se acostumbre nunca a algún alimento porque simplemente no le guste, algo que por cierto nos ocurre a todos.

Animarles a servirse ellos mismos la cantidad que consideren y respetarlo

Como decíamos antes,  ¿Qué es comer poco? ¿quién mide eso?¿No debería ser nuestro propio cuerpo?. Ese «mi hijo come poco» suele deberse a un desajuste entre la cantidad que el niño necesita comer y la que sus padres necesitan que coma.

¿La solución? Dejarles elegir. ¿Y si es una cucharadita? Pues al principio, suficiente. Confía en ellos, cuando les damos a los niños cierta capacidad de decisión en aspectos como éste, suele funcionar muy bien. Piensa por un momento ¿A ti te apetece comer siempre la misma cantidad de algo? ¿Comes menos cuando algo no te gusta demasiado? ¿Hay veces en las que no te apetece comer algo concreto?

«los padres tenemos la obligación de velar porque lo que haya en la mesa sea lo adecuado y, siendo así, podemos dar cierta libertad a los niños para elegir qué cantidad desean comer» 

Explicación sobre alimentos y necesidades.

Te sonará a locura pensar en darle una clase de nutrición a tus hijos, no se trata de eso, pero si de que se familiaricen con lo que implica una alimentación sana, las consecuencias positivas que tiene… Puedes empezar desde que son pequeñitos, con tres años aproximadamente haciendo juegos con las comiditas de juguete o hacer con ellos una pirámide alimenticia como ésta.

Evitar las negociaciones y la presión

Con la comida no se negocia. Ni en un sentido ni otro. Cuando pienses que tu hijo siempre te dice «mami ¿me perdonas esta parte?» Piensa en cuantas veces has utilizado tú la de «Si te portas bien te compraré un huevo kinder»

La comida es la que es y si todos en casa tenéis eso claro, las cosas irán mejor. De nada sirve todo lo que estamos hablando si cuando un niño se niega a comer algo, lo cambiamos por otra cosa. Si ya te encuentras en esa situación, en la que tus hijos se niegan en rotundo a comer ciertas cosas, mi consejo es que tengáis una charla en familia en la que expliquéis que habéis notado que algo no funciona en las comidas y que a partir de ahora no vais a presionarles para comer. Que entendéis que hay ciertas cosas que no les gustan y que aunque las tengan que comer (por una cuestión de salud), van a ser ellos los que decidan qué cantidad. 

Es importante  que nos mantengamos tranquilos, que si comen un poco de algo que antes ni probaban nos alegremos, y no nos obsesionemos con que los platos queden relucientes. Puedes probar a observar durante algunos días cuánto come tu hijo cuando negociáis y compararlo con la cantidad que come cuando no hay presión, cuando sólo haces el comentario de «hay que probar un poquito de cada cosa, pero tú decides cuánto». Podrás comprobar que en poco tiempo la diferencia en cantidad no es mucha y en cambio el ambiente más relajado os ayuda a todos.

Evitar las comparaciones y comentarios negativos alrededor de la comida.

Muchas veces caemos en «mira que bien se lo ha comido tu hermano»,

«Si no comes te vas a quedar pequeño», «Si no comes te podrás malito», mejor cambiarlo por «Necesitamos comer de todo para que nuestro cuerpo esté sano» «El cuerpo necesita comer verdura (o el alimento en cuestión) para poder funcionar bien».

«No comas eso que engorda mucho», «Si comes chuches se te caerán los dientes», «No comas eso que te dolerá la tripa»… Mejor explicar que hay alimentos que no son muy sanos, que es mejor comerlos muy de vez en cuando porque el cuerpo en realidad no los necesita para nada, no nos ayudan a tener energía…

Tele o tablet prohibidos.

Ya habréis leído esto muchas otras veces pero cuando comes delante del televisor, tu atención no esta puesta en la comida, ni en tu sensación de hambre o saciedad. Del mismo modo que no le enseñarías a multiplicar con los dibujos puestos, no lo hagas cuando está aprendiendo a comer.

Constancia y actitud

Puede que algunas cosas de las que acabas de leer ya las supieras y las hayas puesto a prueba sin éxito. Como he comentado al principio del post, alimentarse bien es un proceso de aprendizaje que lleva su tiempo. No basta con probar algunas de las cosas que te cuento un par de días o una semana y si no funcionan, volver a los hábitos de siempre. Se que es un asunto difícil, pero cambiando nuestra actitud, viendo la alimentación como lo que es, un aprendizaje en el que cada niño lleva su propio ritmo, y siendo constantes sin angustiarnos,  las cosas mejorarán.

 

Hay otro aspecto que puede afectar directamente a la alimentación de nuestros hijos y es la relación que nosotros, sus padres, tengamos con la comida. Me parece tan importante que he decidido escribir un post a parte en el que os invito a reflexionar sobre cómo os alimentáis vosotros y os cuento la forma en la que vuestra relación con la comida puede afectar a vuestros hijos.

 

Hasta aquí el post de hoy, como siempre… ¡cualquier duda será bien recibida!

 

 

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