Buenos hábitos para vivir más feliz

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Casi hemos agotado el primer mes del año, el mes de los buenos propósitos, los cambios, la intención de poner las cosas en orden… Hoy te propongo revisarlos y poner en práctica estos consejos para que se conviertan en nuevos hábitos que te permitan vivir más feliz y cumplir tus objetivos.

  • Dar importancia a lo que realmente la tiene. Para ello tendrás que hacer una lista con tus prioridades porque lamentablemente no podemos llegar a todo. A mi me ha costado mucho darme cuenta de que necesito, por ejemplo, descansar. Y que ese descanso lo tenía abandonado, que había mil cosas que hacer antes de jugar, leer, o sentarme en el sofá un ratito por la noche. Y que sin ese descanso estoy peor, tengo menos energía, estoy de mal humor y disfruto menos las cosas. Así que si tres tazas se quedan sin lavar por la noche o hay que cenar un sandwich algún día porque no hay energía para más, no va a pasar nada.
  • Metas realistas: Esta muy bien hacer una lista de buenos propósitos pero, a menudo, somos demasiado ambiciosos y se nos olvida meter en ellos una dosis de realidad. Esto hace  difícil cumplirlos y terminamos frustrados y abandonando. Un ejemplo claro y típico de estas fechas, hacer deporte. Puedes proponerte correr 5 km con tu vecina cada día. Si no has hecho deporte nunca, será difícil conseguirlo y el primer día que “falles” te vendrás abajo. La solución es sencilla, busca un plan más adecuado para tus circunstancias. Quizá antes de correr puedas comenzar con un buen paseo.   Esto es aplicable a cantidad de cosas en el día a día: Tener más paciencia con los niños, preparar meriendas supersanas cada tarde, no decir “llegamos tarde” cincuenta veces por las mañanas, tener los juguetes ordenados… lo lograrás, pero empieza poco a poco.

  • No postergar las cosas. Mi marido se reirá al leer esto. Él es una persona muy resolutiva y yo  soy  una artista retrasando aquellas cosas que me ponen especialmente nerviosa: darme de baja en el gimnasio porque no he conseguido ir regularmente, esa llamada pendiente a una amiga con la que he quedado fatal porque la tengo abandonada, o responder un simple whatsapp para hacer planes el fin de semana. Cuesta mucho hacer frente a ese “tengo que…”, pero cuando lo haces te das cuenta de que cuesta mucho menos hacerlo que pensar que lo tienes pendiente. Yo sigo entrenando esta habilidad cada día.

Vacía tu lista mental de “tengo que…” Intenta, cada dos o tres días, hacer una de esas cosas que te cuestan más de lo habitual y poco a poco comprobarás que es realmente liberador.

  • Ponerte un límite. Los niños necesitan límites como ya vimos en este post. Nosotros, aunque distintos, también. Plantea una hora del día (realista) a partir de la cual ya no se trabaja más (incluyo aquí tareas domesticas, pedir cita en el pediatra, ese mail rapidísimo a tu compañera de trabajo, hacer la lista de la compra… todo aquello que no sea disfrutar de ti y de los tuyos). Para eso hará falta organizarse de una manera diferente, repartir tareas y cambiar hábitos, pero es necesario y merecerá la pena.

  • Cuidarte para poder cuidar. Los padres nos olvidamos muchas veces de nuestras necesidades para responder a las de nuestros hijos. Esto es natural y necesario, si lo hacemos en la medida adecuada, porque el autocuidado es una parte fundamental de la crianza. Si no descansas no tendrás energía para ellos, si no tienes un ratito para ti de vez en cuando, será difícil que te apetezca sentarte a hacer un puzzle con tu hijo. Sólo si tu estás bien podrás cuidar a los tuyos.

 

  • Permitirte fallar. Qué difíciles nos ponemos las cosas a veces y qué duros somos con nosotros mismos. Seguro que si tienes hijos conoces la sensación de no llegar a todo, de pensar que si tu hijo no duerme es porque estas haciendo las cosas mal, de acostarte repitiendo mentalmente que mañana tendrás más paciencia y no acabarás la tarde gritando… No somos perfectos ni lo seremos. Como padres, en general, hacemos las cosas lo mejor que podemos. Hay muchas cosas que seguro que se pueden mejorar y otras en las que probablemente fallaremos como seres humanos que somos. Pide perdón cuando corresponda y, sobre todo, perdónate a ti mismo.

  • Ten siempre a mano algo que te haga feliz y te de tranquilidad. Puede ser ver alguna foto de las vacaciones, un vídeo de cuando los niños eran pequeños o escuchar una canción determinada. Eso que ahora al pensarlo te saca una sonrisa. En momentos de estrés, tensión y cuando creas que no puedes más, enciérrate en tu habitación, coge tu tesoro y en tres minutos estarás listo para seguir.

 

Hasta aquí el post de hoy, te ánimo a poner en práctica todo lo que te cuento… ¿te animas a probar?

 

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